domingo, 16 de septiembre de 2018

EL PODER JUDICIAL EN LA DEMOCRACIA


John Locke establece en el capítulo XII de su "Tratado sobre el Gobierno Civil" las competencias del poder legislativo, ejecutivo y judicial. Y Montesquieu, en su libro "Del Espíritu de la Leyes", capítulo VI, también nos describe los conceptos de Locke de la siguiente manera:

En cada Estado hay tres clases de poderes: el poder legislativo, el poder ejecutivo de las cosas relativas al derecho de gentes, y el poder ejecutivo de las cosas que dependen del derecho civil.

Por el poder legislativo, el príncipe o jefe del Estado hace leyes transitorias o definitivas, o deroga las existentes. Por el segundo, hace la paz o la guerra, envía y recibe embajadas, establece la seguridad pública y previene las invasiones. Por el tercero, castiga los delitos y juzga las diferencias entre particulares. Se llama a este último poder judicial, y al otro poder ejecutivo del Estado.

La libertad política de un ciudadano depende de la tranquilidad de espíritu que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad.  Y para que exista la libertad es necesario que el Gobierno sea tal que ningún ciudadano pueda temer nada de otro.

Cuando el poder legislativo está unido al poder ejecutivo en la misma persona o en el mismo cuerpo, no hay libertad porque se puede temer que el monarca o el Senado promulguen leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente.

Tampoco hay libertad si el poder judicial no está separado del legislativo ni del ejecutivo. Si va unido al poder legislativo, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, pues el juez sería al mismo tiempo legislador. Si va unido al poder ejecutivo, el juez podría tener la fuerza de un opresor

 Todo estaría perdido si el mismo hombre, el mismo cuerpo de personas principales, de los nobles o del pueblo, ejerciera los tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los delitos o las diferencias entre particulares.

Y de Carlo Guarnieri y Patrizia Pederzoli en su libro: LOS JUECES Y LA POLÍTICA, PODER JUDICIAL Y DEMOCRACIA, Editorial TAURUS, año 1.999, extraemos el  siguiente texto - pág. 158:

... En el régimen franquista, la estructura institucional de la justicia era una buena copia de la típica de los regímenes autoritarios: la magistratura, aunque dotada de modestas garantías de independencia, carecía de toda influencia política, dado que todos los casos de importancia se confiaban a tribunales especiales. El nuevo régimen democrático, con la Constitución de 1978, introdujo cambios importantes en la organización judicial: la abolición de los tribunales especiales, el reforzamiento de los ordinarios y un órgano de autogestión de la magistratura siguiendo el modelo italiano - el Consejo General del Poder Judicial- encargado de garantizar su independencia. Como hemos visto, entre el Consejo y el ejecutivo se han producido, en especial tras la llegada al gobierno de los socialistas, fuertes tensiones que en 1985 llevaron a una nueva estructura que ha redimensionado los poderes del Consejo, cuyos miembros togados también son ahora designados por el parlamento y no por la magistratura. Además, el gobierno socialista,  gracias a una ley que ha reducido la edad de jubilación, ha podido ejercer una gran influencia sobre la magistratura, nombrando en puestos importantes a jueces más cercanos a su orientación política (Andrés Ibáñez, 1988; Montero Aroca, 1990; Díez Picazo, 1991).

El caso español muestra que, si es verdad que la experiencia autoritaria impulsa a la nueva clase política democrática a reforzar el papel de la magistratura - en un marco constitucional que trata de reforzar todo tipo de garantías - también es verdad que una evolución en sentido mayoritario del sistema político como ha conocido España en los años ochenta - con un gobierno que dispone de una amplia mayoría parlamentaria - tiende a reducir el espacio asignado a la magistratura. Así pues será interesante seguir en el futuro la evolución del sistema político español. Las tensiones entre gobierno y magistratura no se acabaron con la reforma de 1985. Se ha notado una tendencia en la clase política a recurrir a la justicia, por ejemplo para eludir la responsabilidad política (Aguilar de Prat, 1994). Así pues, los recientes casos judiciales - como el de los GAL, que ha implicado a varios miembros del gobierno y al mismo Presidente - se insertan en una situación que,  como confirman los resultados de las reciente elecciones, asiste ahora al descenso del partido socialista y el comienzo de una fase de incertidumbre política y, quizás,  de mayor incidencia de la actividad judicial.

Y nosotros ¿Cómo percibimos la separación de poderes, y en particular la del poder judicial, en nuestro estado de derecho?
En nuestra próxima tertulia intentaremos esclarecerlo

Manolo Quero



lunes, 2 de julio de 2018

Derecho de los animales

            New York. (García Lorca)

            Debajo de las multiplicaciones                     
            hay una gota de sangre de pato;                   
            debajo de las divisiones                    
            hay una gota de sangre de marinero;            
            debajo de las sumas, un río de sangre tierna.                       
            Un río que viene cantando                
            por los dormitorios de los arrabales,             
            y es plata, cemento o brisa                
            en el alba mentida de New York.                 
            Existen las montañas. Lo sé.             
            Y los anteojos para la sabiduría.                   
            Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.               
            Yo he venido para ver la turbia sangre.                    
            La sangre que lleva las máquinas a las cataratas                  
            y el espíritu a la lengua de la cobra.              
            Todos los días se matan en New York                     
            cuatro millones de patos,                  
            cinco millones de cerdos,                  
            dos mil palomas para el gusto de los agonizantes,               
            un millón de vacas,               
            un millón de corderos                       
            y dos millones de gallos,                   
            que dejan los cielos hechos añicos.               
            Más vale sollozar afilando la navaja             
            o asesinar a los perros            
            en las alucinantes cacerías,                
            que resistir en la madrugada             
            los interminables trenes de leche,                 
            los interminables trenes de sangre                
            y los trenes de rosas maniatadas                   
            por los comerciantes de perfumes.               
            Los patos y las palomas,                   
            y los cerdos y los corderos                
            ponen sus gotas de sangre                
            debajo de las multiplicaciones,                     
            y los terribles alaridos de las vacas estrujadas                     
            llenan de dolor el valle                      
            donde el Hudson se emborracha con aceite.            
            Yo denuncio a toda la gente             
            que ignora la otra mitad,                   
            la mitad irredimible               
            que levanta sus montes de cemento             
            donde laten los corazones                 
            de los animalitos que se olvidan                   
            y donde caeremos todos                   
            en la última fiesta de los taladros.                
            Os escupo en la cara.             
            La otra mitad me escucha                 
            devorando, orinando, volando, en su pureza                       
            como los niños de las porterías                     
            que llevan frágiles palitos                 
            a los huecos donde se oxidan                       
            las antenas de los insectos.               
            No es el infierno, es la calle.             
            No es la muerte, es la tienda de frutas.                    
            Hay un mundo de ríos quebrados                
            y distancias inasibles             
            en la patita de ese gato                     
            quebrada por el automóvil,               
            y yo oigo el canto de la lombriz                   
            en el corazón de muchas niñas.                    
            Óxido, fermento, tierra estremecida.            
            Tierra tú mismo que nadas                
            por los números de la oficina.                       
            ¿Qué voy a hacer? ¿Ordenar los paisajes?               
            ¿Ordenar los amores que luego son fotografías,                  
            que luego son pedazos de madera                
            y bocanadas de sangre?                    
            San Ignacio de Loyola                      
            asesinó un pequeño conejo               
            y todavía sus labios gimen                
            por las torres de las iglesias.              
            No, no, no, no; yo denuncio.            
            Yo denuncio la conjura                     
            de estas desiertas oficinas                 
            que no radian las agonías,                 
            que borran los programas de la selva,                       
            y me ofrezco a ser comido                
            por las vacas estrujadas                     
            cuando sus gritos llenan el valle                   
            donde el Hudson se emborracha con aceite.

                                               Federico Gª. Lorca

domingo, 13 de mayo de 2018

La hora de la Filosofía


Víctor Gómez Pin

 “En su guerra por la dignificación humana, la filosofía ha de hacer una pausa consagrada a meditar sobre sí misma, es decir, volver a plantearse en nuestro tiempo qué es eso de filosofía. Repensar hoy la filosofía no incita a otra cosa que a seguir filosofando, seguir confrontándose a aquellos problemas que constituyen universales antropológicos. Conviene precisar que la universalidad de la filosofía ha sido a veces puesta en tela de juicio precisamente en boca de los que a ella se dedican. La divergencia está viciada por un equívoco respecto a lo que hay que entender por el término mismo filosofía. Es difícil imaginar que en lugar alguno el hombre deje de preguntarse por el hombre, es decir, que no haya ninguna forma de antropología filosófica. Y así para todas y cada una de las interrogaciones que han alimentado la historia de la filosofía. Los que enfatizan el lazo entre la filosofía y la ascendencia cultural grecolatina se verían sorprendidos al constatar el gran número de sesiones en que los problemas que atravesaron a Platón, Leibniz o Kant eran retomados con todo rigor por colegas asiáticos, en absoluto desarraigados de su cultura (…)
Afirmar o negar la universalidad de la filosofía es casi una cuestión de optimismo o pesimismo antropológico. La reivindicación de la filosofía seguiría vigente aun en el caso en que la globalización del libre mercado llegara a ser compatible con la reducción de las abismales diferencias económicas entre países y entre ciudadanos de cada país (perspectiva utópica donde las haya). Esta mayor equidad supondría efectiva generalización de los derechos humanos si se acompañara de una educación general tendiente a desarrollar en cada individuo las facultades que le caracterizan como ser humano. Y aquí entra en juego la filosofía: educar a la humanidad a través de la filosofía equivaldría a posibilitar que se actualizara en cada uno de nosotros el conjunto de potencialidades que nos marcan como seres de razón; equivaldría simplemente a ayudarnos a realizar nuestra humanidad (la educación ha de fertilizar un órgano, no puede sustituirse a él, señalaba ya Platón). Aristóteles pretendía que la disposición filosófica era propia de los hombres libres. Mas en tal caso, la neutralización de tal disposición en la inmensa mayoría de las personas constituye un índice de la ausencia de libertad efectiva. Según Peter Kemp “los poderes tecnológicos, militares y económicos no poseen el monopolio del poder en el mundo”. A su juicio, la filosofía, dada su capacidad de “exponer falsedades e ilusiones” generadas por dichas fuerzas y proponer “un mundo mejor como morada de la humanidad”, podría erigirse en contrapoder, cuya misión sería, ni más ni menos, que “luchar para crear una ciudadanía mundial y establecer un nuevo orden mundial”.
La verdad es que, compartiendo con Kemp la concepción militante y casi redentora de la filosofía, soy menos optimista que él respecto a que la generalización del espíritu crítico y de la exigencia de lucidez que la filosofía supone pueda realizarse en base a competir con los poderes reconocidos como gestores del mundo. Por decirlo en términos muy clásicos (y poco de moda), quizás la acción transformadora de la sociedad sea condición de la realización de la filosofía y no al revés. Quizás sea útil recordar aquella tan desconsoladora como lúcida Miseria de la Filosofía, con la que Marx daba respuesta a la edificante y compasiva pero inoperante Filosofía de la Miseria de Proudhom. (Esta comparación con los tiempos presentes merecería un comentario, digo yo)

(Víctor Gómez Pin, catedrático de Filosofía de la Universidad Autónoma de Barcelona: “De Pekín a Seúl, la hora de la filosofía”, El País 25/08/2008, a propósito del Congreso Mundial de Filosofía de Seúl)

domingo, 15 de abril de 2018

El Capitalismo como Religión



Hay que ver en el capitalismo una religión, es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, suplicios e inquietudes a las que daban respuesta antiguamente las llamadas religiones. Probar esta estructura religiosa del capitalismo, es decir, probar que no es sólo una formación condicionada por la religión como lo piensa Weber, sino un fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy al extravío de una polémica universal exagerada. No podemos estrechar la red en la cual nos sostenemos; sin embargo, este punto será apreciado posteriormente.
No obstante, podemos desde ahora reconocer en el tiempo presente tres rasgos de esta estructura religiosa del capitalismo. En primer lugar, el capitalismo es una religión puramente cultual, quizás la más extrema que jamás haya existido. En él, todo tiene significación inmediata respecto del culto, no conoce ninguna dogmática específica, ninguna teología. El utilitarismo gana bajo este punto de vista toda su coloración religiosa. El segundo rasgo del capitalismo está estrechamente ligado a esta concreción del culto: la duración permanente del culto. El capitalismo es la celebración de un culto sans rêve et sans merci.1 No existe en él ningún “día ordinario”, ningún día que no sea día de fiesta en el terrible sentido del despliegue de la pompa sacra, de la tensión extrema del adorador. En tercer lugar, este culto es culpabilizante. El capitalismo es probablemente el primer caso de un culto que no es expiatorio sino culpabilizante. En esto, este sistema religioso se precipita en un movimiento colosal. Una conciencia monstruosamente culpable que no sabe expiarse se apodera del culto no para expiar en él esta culpa sino para hacerla universal, para hacerla entrar por la fuerza en la conciencia y, finalmente y sobre todo, para implicar a Dios en esta culpabilidad a fin de que él mismo tenga, finalmente, interés en la expiación. Esta última no hay que esperarla en el culto mismo, ni en la reforma de esta religión -ya que sería preciso que esta reforma pueda apoyarse sobre un elemento certero de esta religión-, ni en su rechazo. En la esencia misma de este movimiento religioso que es el capitalismo yace la perseverancia hasta el final, hasta la completa culpabilización final de Dios, hasta un estado del mundo afectado por un desesperanza que todavía se espera. Lo que el capitalismo tiene de históricamente inaudito es que la religión no es ya la reforma del ser sino su destrucción. Habría que esperar la salvación de la desesperanza que se extiende al estado religioso del mundo. La trascendencia divina se ha derrumbado. Pero Dios no ha muerto; está incorporado en el destino del hombre. La transición del planeta hombre, siguiendo su órbita absolutamente solitaria en la casa de la desesperación, es el ethos que determina Nietzsche. Este hombre es el superhombre, el primero que comienza a cumplir, reconociéndola, la religión capitalista. Su cuarto rasgo es que su Dios debe permanecer oculto; sólo en el cenit de su culpabilización puede ser apelado. El culto se celebra ante una divinidad inmadura; toda representación, todo pensamiento consagrado a ella lesiona el secreto de su madurez.
La teoría freudiana pertenece también a la dominación sacerdotal de este culto; está pensada de forma completamente capitalista. Según una analogía muy profunda que está aún por aclarar, lo reprimido, la representación culpable, es el capital que produce los intereses del infierno del inconsciente.
El tipo del pensamiento religioso capitalista se encuentra extraordinariamente expresado en la filosofía de Nietzsche. La idea del superhombre desplaza el “salto” apocalíptico, no sobre la conversión, la expiación, la purificación y la contrición, sino sobre una intensificación [Steigerung] aparentemente continua, pero en el último momento, a saltos, intermitente, discontinua. Por esto, la intensificación y el desarrollo, en el sentido de non facit saltum,2 son inconciliables. El superhombre es el hombre histórico que ha llegado sin conversión, que ha crecido atravesando el cielo. Nietzsche prejuzgó esta explosión del cielo provocada por el acrecentamiento de lo humano que es y permanece (incluso para Nietzsche) culpabilidad. Y de forma semejante en Marx, el capitalismo inconverso devendrá socialismo por el interés simple y el interés compuesto que son función de la culpa/deuda [Schuld] (ver la ambigüedad demoníaca de este concepto).
El capitalismo es una religión puramente cultual, sin dogma.
El capitalismo se desarrolló en Occidente como un parásito en el cristianismo –como debe mostrarse no sólo respecto del calvinismo sino también de otras corrientes ortodoxas del cristianismo– de tal manera que, al final, la historia del cristianismo es esencialmente la historia de su parásito, el capitalismo.
Comparación entre las imágenes de los santos de diferentes religiones y los billetes de banco de diferentes Estados. El espíritu que habla en la ornamentación de los billetes.
Capitalismo y derecho. Carácter pagano del derecho Sorel Refléxions sur la violence, p. 262.3
Vencer el capitalismo a través del mercado móvil Unger Politik und Metaphysik, p. 44.4
Fuchs, Struktur der kapitalistischen Gesellschaft o titulo vecino.5
Max Weber, Ges. Aufsätze zur Religionssoziologie, 2 Bd. 1919/20.6
Ernst Troeltsch, Die Soziallehren der chr. Kirchen und Gruppen (Ges. W. I 1912).7
Ver sobre todo la bibliografía de Schönberg, II.
Landauer, Aufruf zum Sozialismus, p. 144.
Las preocupaciones: una enfermedad del espíritu propia de la época capitalista. Sin salida espiritual (no material) en la pobreza, monacato de la vagancia y la mendicidad. Un estado de sin salida semejante es culpabilizante. Las “preocupaciones” son el índice de esta conciencia culpable de la sin salida. Las “preocupaciones” nacen por el miedo de que no haya salida, no material e individual, sino comunitaria.
El cristianismo en la época de la reforma no favoreció la llegada del capitalismo: se transformó en capitalismo.
Habría que investigar metódicamente los lazos que desde siempre el dinero ha establecido con el mito a lo largo de la historia hasta que haya extraído para sí del cristianismo suficientes elementos míticos para establecer su propio mito.
El precio de la sangre /Thesaurus de las buenas obras / El salario que se le debe al sacerdote / Pluto como dios de la riqueza.
Adam Müller, Reden über die Beredsamkeit 1816 p. 56 ss.8
Relación entre el dogma de la naturaleza resolutoria del saber, propiedad para nosotros que lo hace a la vez redentor y verdugo, y el capitalismo: el balance como saber redentor y liquidador.
Se reconoce fácilmente una religión en el capitalismo si se recuerda que el paganismo originario concebía, en principio, la religión no como un interés “superior”, “moral”, sino como el interés más inmediatamente práctico; en otras palabras, el paganismo no tenía más conciencia que el capitalismo de su naturaleza “ideal”, “trascendente”, y la comunidad pagana consideraba a los miembros irreligiosos o heterodoxos como incapaces9, exactamente como la burguesía de hoy considera a sus miembros improductivos.

Texto de Walter Benjamin facilitado por nuestro compañero Gerardo Grau

sábado, 17 de marzo de 2018

Poliamor


El amor es como don Quijote: cuando recupera la razón está a punto de morir
(Jacinto Benavente)

Pero ¿qué es el poliamor? Lo primero que hay que aclarar es que es mucho más que tener relaciones, chingar o ligar con varias personas. Es y está más allá de la poligamia, ya sea poliginia o poliandria, que son, respectivamente, casarse o tener relaciones sexuales estables de un hombre con varias mujeres o de una mujer con varios hombres. 
Si tiramos de la Wikipedia vemos que:
“Poliamor es un neologismo que significa tener más de una relación íntima, amorosa, sexual y duradera de manera simultánea con varias personas, con el pleno consentimiento y conocimiento de todos los amores involucrados”.
Es decir que la primera diferencia con las poligamias tradicionales (de nuestras sociedades occidentales) es que las diversas relaciones son conocidas y consentidas por todas las personas participantes. Lo cual no significa ni tríos ni relaciones triangulares. El que sean conocidas las relaciones tampoco significa una convivencia múltiple, aunque no la excluye. Y también pueden ser conocidas o consentidas en diversos grados, puede ocurrir como asumir una realidad dada. Conocer o consentir no significa conocerlo todo.


Hay por tanto muchas interpretaciones o escuelas/corrientes diferentes. La Wikipedia aporta mucha información al respecto (consulta de 2015):
“La palabra se usa a veces en un sentido más amplio para referirse a relaciones sexuales o románticas que no son sexualmente exclusivas, aunque existen desacuerdos acerca de qué tan ampliamente se aplica el término; la característica definitiva más ampliamente aceptada es su énfasis en la ética, honestidad y transparencia con todos los involucrados. Siendo el término poliamor usado de forma general para describir varias formas de relaciones múltiples ya que las prácticas poliamorosas son diversas, reflejando las elecciones y filosofías de los individuos involucrados. El término "poliamoroso/a" se puede referir a la naturaleza de una relación en algún punto en el tiempo o a una filosofía u orientación relacional que marca una identidad”.
De manera resumida también se puede definir: “El poliamor consiste en amar a varias personas a la vez de manera consensuada, consciente y ética” (poliamormadrid.org). 
  
En el más que recomendable libro de Yves-Alexandre Thalmann (2008): Las virtudes del poliamor. La magia de los amores múltiples, se toma como punto de partida lo evidente: todas las personas somos poliamorosas por definición y en origen. Otra cosa es cómo pensemos que es mejor organizar el amor para la sociedad, para la economía, para el sistema... Si la organización básica de la sociedad debe ser la familia monoparental o no. No entro a discutir eso ahora. Lo que muchos pensadores nos indican, ya desde los griegos clásicos y desde la psicología (desde Freud al menos), es que unas relaciones no reprimidas animan siempre a tener relaciones íntimas múltiples. Es decir, desde la adolescencia a la vejez, la persona quiere tener relaciones íntimas con otras, no solo con una. Pueden ser más o menos intensas y pueden ser deseos más profundos o no. Puede ser solo en algunos momentos o de forma habitual. Pero siempre ocurre.
Si nos despojamos de las creencias religiosas monogámicas y dejamos a un lado los pensamientos no basados en análisis científicos, vemos que lo habitual en una vida es querer tener relaciones con diferentes personas. Esto no significa que, cuando estamos enamorados de una persona, pensemos que es maravilloso y que con una sola persona podremos realizarnos totalmente, que nos basta (e incluso muchas veces nos sobra) el tener relaciones con una  sola única persona y tener con ella la “relación total”... Y de ahí pasamos con facilidad al “y para siempre” que tanto daño ha hecho al amor y a las relaciones pacíficas y consentidas. 
El amor romántico monogámico eterno es una idealización. Idealización ilusa que, cuando se vive, parece maravillosa, como cualquier espejismo. Pero ¿puede algún espejismo durar toda la vida? Pues sí, reconozcámoslo, para algunas personas sí. Ya que hay personas que viven en las nubes, como no va a haberlas que viven en el amor eterno, en el amor continuo. Aunque el amor eterno solo dure un instante. Pero si, como don Quijote, recobras en algún momento la razón, la caída será más dura cuanto más alto hayas subido en las fantasías e irrealidades. 


Para mí el poliamor incluye un conjunto muy amplio de relaciones que van más allá y más acá de lo habitual y convencional. Las relaciones de amistad, que tenemos con nuestros mejores amigos, con los que tenemos una relación de amistad profunda, le llamamos a veces “amigos íntimos”, para expresar, malamente, cuando con otra persona nos acostamos. Y a lo mejor resulta que nos acostamos con otra persona y no somos ni siquiera amigos. Deberíamos de reservar esa palabra tan importante de “amigo íntimo” para las personas con las que somos capaces de superar la amistad verbal y de acompañamiento habitual para profundizar y pasar a todo un mundo de relaciones emocionales, que incluirán en algún momento caricias, besos, contactos,... pero en que todo esto será un complemento a lo anterior, a la amistad estrecha, a la persona que “le podemos contar cualquier cosa”, porque sabemos que nos va a entender o, si no, va a intentar entenderlo todo, va a intentar comprender y compenetrarse con nosotros.
Los besos, los mimos, las caricias... ¿también son monógamas? ¿Por qué autolimitarnos,  mutilar y minusvalorar nuestros sentimientos? Tenemos, podemos ser (más) libres. Porqué trocear las relaciones de amistad, separando artificiosamente unos tipos de otros. Porqué reservar en exclusiva para nuestra pareja oficial lo que es toda o la mayor parte de nuestra vida sentimental.

Del blog de D. Tomás Alberich  http://pensamientostalberich2.blogspot.com.es/
Manolo Quero


jueves, 15 de febrero de 2018

Envejecimiento digno

Y  A TODO ESTO…¿SE DEBE ALGO?

*Introducción.- Hay quien dice que la vida que cada uno desarrolla es pagar a otros la deuda que se contrajo al ser traído a este mundo gratuitamente, es decir, sin haber previamente depositado un fondo… (¿visión mercantilista de lo menos mercantil del mundo?)

*Cap. 1.- Recibimos, porque sí, una genética bastante azarosa a modo de herencia potenciadora y, a la vez, condicionante. Una herencia genética en cuyos antecesores puede encontrarse de todo, lo bueno, lo malo, lo indiferente (¿?) siempre que haya resistido al paso del tiempo y con permiso del P. Mendel. Entonces ¿somos fruto de un AZAR incomprensible o quizá de una “providencia” más misteriosa? De hecho hemos recibido la Vida, aquí estamos.

*Cap. 2.- Nos colocan, porque sí, en un determinado ámbito de convivencia –normalmente una familia, concreción de la casi infinita diversidad de las familias- , un entorno de atenciones y de abandonos, de consumo y de estrecheces, de bienestar y de malestar, todo ello con unos niveles mínimos (porque si no es suficiente, se produce un deslizamiento más o menos rápido hacia la muerte, y se acabó la recepción).

*Cap.3.- Desde muy pronto, todo a nuestro alrededor nos educa, nos ahorma, nos doma, nos orienta en un sentido más o menos acertado; nos hace hablantes de una o varias lenguas, dialectos, modismos, acentos que nos delatan,  ciudadanos de un entidad política más o menos estabilizada, más o menos mayoritaria, más o menos en paz con los “otros”; beneficiarios o marginales de una sanidad, de un hogar, de unas costumbres, de una cultura…

*Cap.4- Todo ello, además de recibido y más o menos asumido o asimilado, es presionante y hasta determinante: permite unas opciones y prohíbe otras, premia unas sumisiones y castiga unas desobediencias, promete unos horizontes e intenta bloquear otros.  

Y todo lo anterior mucho más como recibido que como elegido por uno, pero no queda todo, siendo mucho, ahí, sino que…¡ta-ta-ta-chán!

*Cap.5.- Un día, y a partir de él, casi toda la vida, pasamos de meros receptores a participantes activos de este inmenso “toma y daca”, hasta el punto de que vivir se confunde con actuar en la línea que cada uno considera suya, libre y responsable (en la medida en que lo dejan).
Y entramos de lleno en “La lucha de la vida” o en el conflicto o guerra por sobrevivir, por seguir viviendo, por vivir a costa de los demás, etc.etc.

- - - - - - - - y esto sigue y sigue y sigue - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -

Y se llega a UNA EDAD MADURA, por ejemplo, habiendo construido algo con todo aquello recibido: un proyecto de amor hogareño, unos hijos, una profesión, unos trabajos, unos compromisos sociales… más o menos satisfactorios. Entonces, una ocurrencia: ¿no es hora de preguntarse:
A estas alturas ¿SE DEBE ALGO?


Entonces, ¿cómo pagar? Viviendo, al servicio de la Vida. Aunque la mayoría de las veces, en vez de DAR, nos obsesionamos con vivir a costa de los demás… y para ello ENGAÑAMOS, DISIMULAMOS, MANIPULAMOS, CONTEMPORIZAMOS y un larguísimo etcétera.


Enrique Robles

martes, 14 de noviembre de 2017

DIÁLOGO ANTE LA MUERTE

Krishnamurti

Él había sido un hombre muy conocido. Yacía  moribundo en la casita que había detrás del muro, y el pequeño jardín, antes bien cuidado, ahora estaba desatendido. El hombre se hallaba rodeado por su esposa, sus hijos y otros parientes cercanos. Podrían pasar algunos meses o aun más antes de que muriera, pero todos ellos estaban alrededor de él y la habitación se sentía cargada de pena.
Cuando entré, pidió a todos que salieran, cosa que hicieron de mala gana, excepto un niño que se entretenía con algunos juguetes en el suelo. Una vez se fueron, el hombre me señaló una silla y permanecimos algún tiempo sentados y sin decir una palabra, mientras los ruidos de la casa y de la calle atestada penetraban en la habitación.
                Habló con dificultad: “Usted sabe, durante cierto número de años he pensado muchísimo acerca del vivir y aún más acerca del morir, porque he padecido una prolongada enfermedad. ¡La muerte parece una cosa tan extraña! He leído diversos libros que tratan este problema, pero todos ellos eran más bien superficiales.”
¿Acaso no son superficiales todas las conclusiones?
“No estoy tan seguro. Si uno pudiera llegar a ciertas conclusiones que fueran profundamente satisfactorias, estas tendrían alguna importancia. ¿Qué hay de malo en llegar a conclusiones en tanto sean satisfactorias?”
No hay nada de malo, pero ¿no dibuja eso un horizonte engañoso? La mente tiene el poder de crear toda clase de ilusiones, y parece muy innecesario e inmaduro quedar atrapado en ellas.
“He vivido una vida bastante rica y he seguido lo que pensaba era mi deber, pero por supuesto soy humano. De cualquier modo, esa vida ya ha pasado, y aquí estoy, hecho una cosa inútil; pero por fortuna mi mente todavía no ha sido afectada. He leído mucho y aún estoy ansioso como siempre por saber que ocurre después de la muerte. ¿Continúo, o no queda nada cuando el cuerpo muere?”
Señor, si puedo preguntarlo, ¿por qué le interesa saber que hay después de la muerte?
“¿No quieren saberlo todos?”
Probablemente, sí, pero, si no sabemos que es el vivir, ¿cómo podemos saber qué es la muerte? El vivir y el morir quizá sean la misma cosa, y el hecho de que los hayamos separado puede ser una fuente de gran dolor.
“Soy consciente de lo que usted ha dicho acerca de todo esto en sus pláticas, pero todavía quiero saber. ¿No tendría usted la bondad de decirme qué sucede después de la muerte? No se lo repetiré a nadie.”
¿Por qué se esfuerza tanto en saber?¿Por qué no permite que exista todo el océano de la vida y la muerte, sin hurgar con un dedo en él?
“No quiero morir”, dijo él tomándome de la muñeca. “Siempre le he tenido miedo a la muerte; y aunque he tratado de consolarme con explicaciones racionales y creencias, éstas sólo han actuado como un delgado barniz sobre esta profunda agonía del miedo. Todas mis lecturas acerca de la muerte han sido un esfuerzo para escapar de este miedo, para encontrar un modo de salir de él, y por la misma razón ahora pido saberlo.”
¿Podrá algún escape liberar a la mente del miedo?¿Acaso no engendra miedo el mismo acto de escapar?
“Pero usted puede decírmelo, y lo que diga será verdadero, y la verdad me liberará...”
Permanecimos en silencio un rato. Enseguida volvió a hablar.
“Este silencio fue más curativo que todas mis ansiosas preguntas. Quisiera poder permanecer en él y morir tranquilamente, pero mi mente no me lo permitirá. Mi mente se ha vuelto tanto el cazador como lo cazado. Estoy torturado. Sufro un agudo dolor físico, pero eso no es nada comparado con lo que ocurre en mi mente. ¿Existe una continuidad identificada después de la muerte? Este “yo” que ha disfrutado, sufrido, conocido, ¿continuará?”
¿  Qué es este “yo” al que se aferra su mente y que usted quiere que continúe? Por favor, no conteste; sólo escuche tranquilamente, ¿lo hará? El “yo” existe sólo a causa de la identificación con la propiedad, con un nombre, con la familia, con los éxitos y fracasos, con todas las cosas que usted ha sido y desea ser. Usted es aquello con lo que se ha identificado, está compuesto de todo eso, y sin eso, usted no existe. Es esta identificación con las personas, la propiedad y las ideas, lo que usted quiere que continúe más allá de la muerte. ¿Es algo viviente eso?¿O es sólo una masa de deseos contradictorios, búsquedas, realizaciones y frustraciones con el dolor excediendo siempre a la felicidad?
“Puede ser lo que usted sugiere, pero es mejor que no saber nada en absoluto.”
Mejor lo conocido que lo desconocido ¿no es así? Pero lo conocido es tan pequeño, tan insignificante, tan restrictivo. Lo conocido es dolor y, sin embargo, usted ansía que continúe.
“Piense en mi, tenga compasión, no sea tan inflexible. Si sólo supiera, podría morir dichosamente.”
Señor, no se esfuerce tanto en saber. Cuando todo esfuerzo por saber llega a su fin, entonces existe algo que no ha sido creado por la mente. Lo desconocido es más inmenso que lo conocido; lo conocido es como una barca en el océano de lo desconocido. Deje que todas las cosas sigan su curso y sean.
Su esposa entró en ese instante para darle algo de beber y el niño se levantó y salió corriendo de la habitación, sin mirarnos. Él le dijo a su esposa que cerrara la puerta al salir y que no dejara que el niño entrase otra vez.
“No me preocupa mi familia; he cuidado de su futuro. Es mi propio futuro el que me interesa. Sé en mi corazón que lo que usted dice es verdadero, pero mi mente es como un caballo que galopa sin jinete. ¿Me ayudará usted, o estoy fuera de toda ayuda posible?”
La verdad es una cosa extraña; cuanto más la perseguimos, más nos elude. Usted no puede capturarla por ningún medio, no importa cuán sutil e ingenioso sea; no puede retenerla en la red de su pensamiento. Dese cuenta de esto y deje que todo transcurra. En el viaje de la vida y la muerte uno debe marchar solo; en este viaje no puede uno encontrar ayuda en el conocimiento, en la experiencia, en los recuerdos. La mente debe depurarse de todas estas cosas que ha acumulado en su vivo deseo de seguridad; sus dioses y sus virtudes deben ser devueltos a la sociedad que los engendró. Tiene que haber soledad completa, incontaminada.
“Mis días están contados, me falta el aliento, y usted me está pidiendo algo muy difícil: que muera sin saber que es la muerte. Pero he sido bien instruido. Debo dejar que mi vida sea, y puede que sobre ella caiga una bendición.”
“Comentarios sobre el vivir”. Jiddu Krishnamurti


lunes, 13 de noviembre de 2017

PENSANDO EN LA MUERTE


Decía yo hace un tiempo, y ahora caminando hacia los 77 retomo lo dicho,  hablando de otro tema:

“En el fondo, el único problema no resuelto ni aceptado es la propia muerte. Porque ¿hay alguna forma de encarar esa tremenda situación, ese fatal terremoto, esa cercana hecatombe, esa catástrofe sin límites, esa trascendente y última crisis? Desde luego no el pataleo. ¿Y por qué tiene que haber soluciones? No hay más pista de aterrizaje, como en su día fue pista para levantar el vuelo de la vida y sus proyectos, que la pura y desnuda realidad, nuestra limitadísima pero maravillosa realidad.

Los pensadores del helenismo, los escépticos renacentistas, los hombres verdaderamente religiosos o agnósticos, los sabios hindúes o budistas, no ven más que una salida: volver pacífica, sincera y humildemente (“humus”= tierra) a nuestro pequeño y anónimo lugar en la gran Naturaleza, porque “la ola es el mar” como dijo bellamente a sus casi ochenta años el místico benedictino y maestro zen Willigis Jäger. Ojalá podamos decir con el poeta “confieso que he vivido”.

Habrá que seguir dándole vueltas a ese molino, ¡qué le vamos a hacer!


Esto es estoicismo, amigos. A mucha honra.

Enrique Robles

miércoles, 10 de mayo de 2017

Entender el Islam I

Terminada la última tertulia sobre el "Progreso", como siempre, nos planteamos el siguiente tema. Para ello expusimos las variables  que consideramos al principio de temporada: Invitar a un filósofo o hablar de alguno, proyectar y comentar una película, o seguir con nuestra dinámica. Pues bien, optamos por la última  y la primera de ellas. Elegimos "Entender el Islam" usando como enfoque el último libro de Michel Onfray:  "Pensar el Islam", publicado por la editorial PAIDÓS.
El autor hace un enfoque sobre el tema después de los atentados de Charlie Hebdo el 7 de enero de 2015. Es evidente que es un enfoque del comportamiento de la clase sociopolítica de Francia sobre un hecho violento. Pero no por ello deja de ser interesante las observaciones que del islam hace.
A modo de introducción os dejo su punto de vista:
Sobre los medios de comunicación:
Los medios no necesitan que la gente piense, sino que los mire en el momento en que emiten la publicidad que los subvenciona. Necesitan, por lo tanto, un máximo de telespectadores delante de la pequeña pantalla en el instante en que se lanza el reclamo (pág. 51)...  Desde hace años, el gran formador de las conciencias ya no es la escuela, que también se ha vendido al mercado y a los ideólogos, sino la pantalla: la televisión, la red, el tuit. Los medios de masas, por definición, masifican: transforman a los pueblos en muchedumbres y es sabido que las muchedumbres no piensan, no reflexionan, no analizan, sino que se agregan y caminan como un solo hombre detrás de un eslogan (pág. 54).
Religiones comparadas:
Hay dos formas de ser musulmán, según que uno construya su islam sobre las suras que dicen <<Exterminad a los incrédulos hasta el último de ellos>> (VIII, 7)... o sobre estas otras: <<No está permitido forzar a nadie a creer>> (II, 256) (pág. 56)
Lo mismo que ocurre en el cristianismo, que permite, si uno se reclama del Jesús que ofrece la otra mejilla, perdona los pecados, responde al odio con el amor... , o que permite lo contrario si uno se reclama, en los mismos Evangelios, del Jesús que expulsa a los mercaderes del Templo a latigazos o dice: <<No he venido a traer paz, sino espada>> (Mateo X, 34-36) (pág. 57)
Ateísmo violento:
...no creo, sin embargo, que el ateísmo sea por naturaleza virtuoso o más virtuoso. Basta recordar lo que sucedió en su nombre en la URSS, en los países del Este, en la China maoísta, en la Camboya de Pol Pot, todos ellos regímenes abiertamente ateos y que también, por desgracia, cometieron genocidios (pág. 73).
La filosofía ayuda a encontrar la paz:
El trabajo del filósofo consiste, en efecto, en no dar pábulo a los mitos, las fábulas, las leyendas, las ficciones, las fantasías, los cuentos que les contamos a los niños, pero en los que los adultos siguen creyendo... yo ya sé que los hombres prefieren historias que les den seguridad antes que verdades que los inquieten, los angustien, los turben y los perturben. Más vale una historia que nos cuente que después de la muerte seguiremos viviendo que una verdad que nos diga que después de la muerte de un hombre pasa exactamente lo mismo que después de la muerte de otro mamífero... (pág. 74).
 Y con esta reflexión os emplazamos a la tertulia 

Manolo Quero

domingo, 19 de febrero de 2017

Extracto de los diálogos entre Carlo Borondi y Zygmunt Bauman a propósito del Progreso

Borondi
Aunque parece un concepto inherente a la naturaleza humana la idea de progreso es un concepto relativamente reciente. Los clásicos tenían el mito de la Edad de Oro de la que lo humano fue expulsado. Platón veía su propia época como un periodo de declive con la añoranza del regreso a la simplicidad de la existencia natural. Aristóteles teorizó sobre los ciclos históricos que se repiten. Horacio escribe convencido de que el tiempo es el enemigo de lo humano y solo se puede esperar lo peor del futuro. Restringidos a la experiencia humana y la cortedad de la vida se sentían atrapados y no podían ver más allá de esa experiencia e imaginarse el futuro. Excepciones son Demócrito y Epicuro que no creían en la Edad de Oro, Lucrecio que introduce una cierta idea de progreso (predetemptim progredientis) no escapa de la perspectiva apocalíptica de un mundo destinado a acabar.
El cambio de mentalidad aparece con Bacon. Al introducir en método inductivo dice que el saber tiene una finalidad útil que es la de promover la felicidad humana. Esa misma idea la comparten Fontenelle, Descartes, Hobbes y Spinoza y más tarde por los ilustrados Montesquieu, Voltaire y Turgot.
A partir de esa matriz única ilustrada, la idea de progreso toma dos rumbos. Por una parte Adam Smith, la riqueza a través del libre comercio y el consumo, y por otra Hegel a Marx progreso como liberación. Ambas visiones entran en crisis en el siglo XX con la mercantilización de los valores y la caída de las experiencias comunistas. De esa coincidencia Borondi concluye que se inicia la crisis de la modernidad y por tanto de su esencia: fe en la tecnología, esperanza de mejora continua y la creencia en las ideologías. En resumidas cuentas, la confianza en el progreso. La modernidad a través de sus ideologías y la fe en el progreso promete un mundo mejor aquí y ahora sustituyendo la de un mundo mejor tras la muerte que prometen las religiones. Por tanto se crea una ética del trabajo como valor moral que conduce a ese mundo mejor. La idea medieval de trabajar para subsistir es suplantada por el trabajo como identidad y obligación moral por encima de la necesidad para construir ese futuro que promete el progreso. Esta promesa se vio cumplida con la apoteosis del consumo. El esfuerzo del trabajo fue recompensado. A partir de ahí la negociación entre empresarios y sindicatos se ha mantenido dentro de este mito. 
La crisis de la modernidad nos ha traído nuevas ideas como: el límite del crecimiento continuo, la economía del bien común, la crisis de recursos, la especie humano en el ecosistema, etc. De hecho el concepto de progreso está evolucionando: para algunos el cambio consiste en sustituir “felicidad a través del consumo” por “felicidad mediante la calidad de vida”, para otros simplemente han abandonado el mito del progreso y lo reemplazan por una cultura de lo inmediato, dando por hecho que no se espera ya un futuro mejor. Está última mentalidad se aferra a lo que ya se tiene, con la angustia del miedo a perderlo y paradójicamente, se parece de nuevo a la idea de futuro de griegos y romanos clásicos.

Bauman
La idea del “Progreso” desde su nacimiento ha sido un concepto vectorial, predeterminado e imparable, cuya flecha trata de escapar de: salvajismo, servidumbre, ignorancia, sumisión natural, lo malo, lo penoso y lo imperfecto para avanzar hacia: civilización, libertad, conocimiento, poder sobre lo natural, lo bueno, lo confortable, lo perfecto.
El “progreso” fue la fe de Europa durante el culmen de su poder, la época del imperialismo, precisamente las guerras que se suceden a esa voracidad imperial entre europeos inicia la decadencia del mito del progreso.
¿Es un mito la idea de progreso? Para los que viven dentro del mito, este parece un hecho obvio. Si uno lo acepta se hace un lugar en la gran marcha de la humanidad. Pero la humanidad no marcha hacia ninguna parte. El concepto de humanidad como un todo es una ficción compuesta de miles de millones de individuos para los que la vida es singular y definitiva. Pero tras los avances de los dos últimos siglos el mito del progreso se ha hecho muy potente. Cuando el mito pierda su fuerza e influjo, los que han vivido de acuerdo con él pasan a ser como esos condenados a perpetuidad que, liberados después de muchos años, no saben que hacer con su libertad, pierden la imagen que tenían de sí mismos y ni siquiera están seguros de que valga la pena defenderla ni reivindicarla. Aparece la confusión, desorientación, vida rebanada que va a la deriva.
A este estado Bauman le llama “síndrome de incertidumbre”. Lo que hace años era esperanza en el futuro es ahora temor al futuro. La palabra progreso pasa a contener el significado de amenaza. Entre los diferentes significados de la “amenaza” se incluyen la pérdida de confianza en los instrumentos de acción colectiva: democracia, estado, unidad territorial soberana.